La revelación de Dios como Verbo

Yo Soy el que Soy

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Para Dios, el ser no es algo que se posea, sino lo que Él es.
En las criaturas, la esencia —lo que una cosa es— es distinta de la existencia —el hecho de que sea—.
Pero en Dios no existe esta separación: su esencia es su existir.

Por eso la tradición cristiana lo llama ipsum esse subsistens: la Existencia misma subsistente, el Ser que existe por sí mismo, sin recibir el ser de nadie y sin ser causado por nada.

Este misterio se ilumina aún más cuando Dios revela su nombre a Moisés:
Ehyeh asher Ehyeh (Éxodo 3:14). 

La expresión hebrea no describe un sustantivo estático, sino un verbo activo, un Ser siempre en acto:
“Yo soy el que soy”, “Yo seré el que seré”, “Yo soy el que está siendo”.

De ahí que se diga que Dios es verbo eterno, un acto eterno de existir.

Su forma verbal ehyeh, ligada a la raíz causativa (nifal/hiphil en su trasfondo semántico), expresa precisamente que Dios es la causa y fundamento de todo cuanto existe.

Como afirma Colosenses 1:17: “En Él todas las cosas subsisten.”

La creación no es algo que Dios hizo una vez y dejó de lado; es algo que Él sostiene en cada instante.
Si Dios dejara de “Ser siendo”, todo lo creado dejaría de existir. Ciertamente, la voluntad creadora de Dios es fiel y no quiere la destrucción de sus creaturas, sino, al contrario, que vivan en plenitud. Por eso, las sostiene en la existencia, aún en aquellos momentos en que las creaturas olvidan a su creador, dudan y se rebelan. 

Por eso podemos afirmar: todo existe, pero sólo Dios hace existir.